Una Morada para Dios

Estudio Bíblico escrito por el Apóstol Rony Chaves

“Acuérdate, oh Jehová, y de toda su aflicción; de cómo juró a Jehová, y prometió al Fuerte a Jacob: No entraré en la morada de mi casa, ni subiré sobre el lecho de mi estrado; no daré sueño a mis ojos, ni a mis párpados adormecimiento, hasta que halle lugar para Jehová, Morada para el Fuerte de Jacob.” Salmos 132:1-5

El salmo 132 es muy revelador. Revela las luchas de un hombre por edificarle casa a Su Dios. Revela la pasión que consumió su vida; levantarle morada al Señor.

David recuerda a Dios cómo le prometió de corazón no descansar hasta levantarle Su Morada, la cual no sería tanto un templo físico sino un templo espiritual, saturado de alabanza.

David se esforzó toda su vida para cumplir su promesa. Aún cuando cometió pecados viles, nunca se desenfocó. La pasión de su alma, le salvó y le restauró ante Dios. David nació, creció y vivió para su Dios.

En esta porción del salmo, tenemos su promesa:
No entraré en la morada de mi casa, no subiré a mi cama, no dormiré ni cerraré mis párpados hasta que levante, oh Dios, Tu Morada; este fue su pacto. La vida la vivió para cumplirle a Dios sus promesas.

David lo que quiso decir fue, no descansaré hasta que levante Tu Trono de alabanza. Aleluya.

Las guerras que peleó y las batallas que ganó, para él tenían un propósito. Acumular riqueza en sus tesoros reales y personales para darlos luego en herencia a su hijo Salomón para que edificara el Templo de Jehová en Jerusalén. Note qué fervor, qué pasión, pues él sabía que no sería él, el edificador del Templo sino Salomón. Aleluya.

La meta de su vida fue Dios; la pasión mayor de su ser fue adorarle y su anhelo más fuerte fue edificarle una casa digna del Rey del Universo. Amén.

“Yo con todas mis fuerzas he preparado para la casa de mi Dios, oro para las cosas de oro, plata para las cosas de plata, bronce para las de bronce, hierro para las de hierro, y madera para las de madera; y piedra de ónice, piedras preciosas, piedras de diversos colores, y toda clase de piedras preciosas, y piedras de mármol en abundancia.”

A David no le bastó acumular tal riqueza para Dios en cuarenta años de reinado, sino que aún guardó y dio más para la casa de Jehová.

“Además de esto, por cuanto tengo mi afecto en la casa de mi Dios, yo guardo en mi tesoro particular oro y plata que, además de todas las cosas que he preparado para la casa del santuario, he dado para la casa de mi Dios: tres mil talentos de oro, de oro de Ofir, y siete mil talentos de plata refinada para cubrir las paredes de las casas; oro, pues, para las cosas de oro, y plata para las cosas de plata, y para toda la obra de las manos de los artífices. ¿Y quién quiere hacer hoy ofrenda voluntaria a Jehová?" 1 Crónicas 29: 3-5

David tenía claro que Dios había escogido a su casa para usarla en el trono de Israel. David tenía claro que Dios había escogido a Sión para ser su morada en la tierra y desde allí bendecir su casa y a su pueblo Israel. David entendió como profeta que su bendición radicaba en levantarle a Dios Su Morada. Aleluya.

“Porque Jehová ha elegido a Sión, la quiso por habitación para sí. Este es para siempre el lugar de mi reposo; a sus pobres saciaré de pan. Asimismo vestiré de salvación a sus sacerdotes, y sus santos darán voces de júbilo. Allí haré retoñar el poder de David; he dispuesto lámpara a mi ungido. A sus enemigos vestiré de confusión, más sobre él florecerá su corona.”  Versos 13 al 18 


El Sueño de David 

David es un tipo de Cristo, nuestro Rey de Reyes. David mostró en su sueño, el sueño de Cristo Jesús; ver a todo Su pueblo adorar en unidad al Señor. Amén.

Por eso David cantó diciendo: 
“Yo me alegré con los que me decían: 
A la casa de Jehová iremos. 
Nuestros pies estuvieron 
Dentro de tus puertas, oh Jerusalén. 
Jerusalén, que se ha edificado 
Como una ciudad que está bien unida entre sí. 
Y allá subieron las tribus, las tribus de JAH, 
Conforme al testimonio dado a Israel, 
Para alabar el nombre de Jehová. 
Porque allá están las sillas del juicio, 
Los tronos de la casa de David” 
Salmos 122:1-5 

David fue un hombre de autoridad. Quizás como ningún otro, él fue un vencedor extraordinario en todas sus batallas. Desde los comienzos de su ministerio, él sabía que el poder y la autoridad vienen de Jehová. Y David supo siempre cómo usar esa llave de poder; “la llave de David”, la adoración al Padre-Dios.

A través de su adoración fue revestido con autoridad del Cielo; así mató al oso, al león y al gigante Goliat. Ya en su edad madura practicó la adoración junto a su pueblo. El sabía que es desde el Trono de Dios, desde donde vienen los tronos y las sillas de poder para gobernar en la tierra.

¡Oh Dios, restaura hoy, la pasión de David...! Amén y Amén.

  • 30/04/2014
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