El mensaje debe ser “Cristo viene pronto”

Cristo Viene - Suplemento Octubre 2013 - Tomado del libro “En la cima del mundo”

Arpas y Copas


Tomado del libro “En la cima del mundo”

“De Jehová es la tierra y su plenitud;
El mundo, y los que en él habitan.
Porque él la fundó sobre los mares,
Y la afirmó sobre los ríos.
¿Quién subirá al monte de Jehová?
¿Y quién estará en su lugar santo?
El limpio de manos y puro de corazón;
El que no ha elevado su alma a cosas vanas,
Ni jurado con engaño.
El recibirá bendición de Jehová,
Y justicia del Dios de salvación.
Tal es la generación de los que
le buscan,
De los que buscan tu rostro, oh Dios
de Jacob.  Selah
Alzad, oh puertas, vuestras cabezas,
Y alzaos vosotras, puertas eternas,
Y entrará el Rey de gloria.
¿Quién es este Rey de gloria?
Jehová el fuerte y valiente,
Jehová el poderoso en batalla.
Alzad, oh puertas, vuestras cabezas,
Y alzaos vosotras, puertas eternas,
Y entrará el Rey de gloria.
¿Quién es este Rey de gloria?
Jehová de los ejércitos,
El es el Rey de la gloria”.  Selah
Salmos 24:1-10

Rony Chaves junto a su amigo Eduardo Villalobos son los dos únicos costarricenses  hasta el día de hoy, que han penetrado el parque Sagarmatha en Nepal y desde allí subido por los Himalayas hasta el monte Everest, la montaña más alta del mundo.

Arpas y Copas - El mensaje debe ser 'Cristo viene pronto' - Octubre 2013
La historia dejó grabado el nombre de estos dos líderes cristianos al estampar sus firmas en los documentos oficiales al entrar y salir de estas montañas. 

A pesar de que esto sacudió el medio ambiente de las noticias en Costa Rica y abrió puertas enormes en la prensa escrita, la radio y la televisión. La gran hazaña para ellos no tenía una connotación deportiva como pensaron asombrados los periodistas; sino espiritual.

Esta gran noticia provocó la movilización del periodismo costarricense y extranjero  para tomar de los propios labios de Rony y Eduardo la primicia noticiosa. Fue así como el periódico La Nación  toma la exclusiva y edita un reportaje a todo color del viaje de los costarricenses, ilustrándolo con impresionantes fotografías.

La televisión no se quedó corta y Esteban Gil Jirón, tomó la principal entrevista de una hora en su connotado programa para difundir la extraordinaria experiencia. Otros medios televisivos  y radiales llevaron la performance al conocimiento de todo el país. La hazaña espiritual y de conquista había abierto puertas insospechadas para testificar de Jesucristo y del poder de la oración por las naciones.

La visita al Everest tomó meses de preparación, los cuales sirvieron para establecer un plan bien definido de Guerra Espiritual Estratégica por la región del mundo conocida como la Ventana 10/40, la cual agrupa a las naciones más pobres del mundo y las más paganizadas.

El viaje al Everest sería el esfuerzo profético mayor para derribar los poderes malignos entronizados en el “techo del mundo”, en los montes Himalayas y así quebrar el dominio de la tinieblas infernales sobre la mitad de la población del mundo.

La toma del Everest fue la culminación de un proceso de oración mundial en la década de los noventa, pero todo comenzó muchos meses antes del ascenso a este monte, conocido como Chomolugma en el idioma nepalí.

La historia desde sus inicios nos ha sido narrada por el propio Rony Chaves en su libro: “La Guerra Estratégica Profética por la ventana 40/70. Veamos lo que nos narra el evangelista:

“Fue en el año de 1993 cuando visité la India por primera vez. El Dr. Morris Cerullo me invitó para una Escuela de Ministerio en Hyderabad. Por años había tenido una carga de oración por los millones de seres humanos que habitan esa enorme nación. Pero, desde ese año, mi carga creció insospechadamente. Al paso de los años, serían varias las veces que haría este viaje al Asia.

Fue para un 2 de agosto de 1994, en que Dios me habló en forma muy curiosa. Ese día se celebra en mi país Costa Rica, el día de la “Reina del Cielo”, festividad idolátrica dedicada a la Virgen de los Ángeles.

Mientras oraba, para que Dios tuviera misericordia de la nación, me quedé profundamente dormido. Fue en esos instantes en que el Señor me habló a través de un sueño. Esta fue la experiencia:

“Jesucristo me había puesto como administrador de una enorme parcela de terreno en la que se encontraba una bellísima mansión blanca. Esta, estaba ubicada en la cima de una montaña y lucía hermosa e imponente.

Fue de repente que, tuve que salir del lugar para cumplir unas tareas fuera de la zona. Por ello, asigné a un hombre que cuidara la finca y confiado, descansé en que todo estaría bien.

Cuando regresé las cosas habían cambiado sustancialmente. Había una invasión de monjes budistas en el terreno. Me enojé mucho con mi empleado y sabía que tenía que tomar una decisión rápidamente; dejarlos seguir hacia la casa o batallar hasta sacarlos de la propiedad. Esto último fue lo que acordé con Dios. Los monjes budistas, eran tibetanos y se movían en gran número con incensarios en la mano, haciendo ritos e invocaciones a sus dioses. Yo me lancé, en procura de su líder máximo, él subía la montaña y casi llegaba a la bella mansión. Subí con gran velocidad el monte; rebasando y empujando a los budistas hasta que llegué a dos personajes en la cima, el primero era una mujer asiática de los Himalayas ataviada de blanco y rosado, el otro era nada menos y nada más que el Dalai Lama, el líder máximo del budismo tibetano. Al llegar a él, lo enfrenté directamente. Lo miré fijamente a los ojos y le dije: “Tú sabes que en asuntos de pacto, nadie tiene derechos sobre un territorio si el dueño del mismo, no le concede el permiso para entrar o tomarlo. Pues, este terreno no es tuyo; el dueño es Jesucristo y El no te ha dado el permiso para tomarlo. Yo soy su administrador y en Su Nombre, te voy a echar fuera de aquí. Seguidamente, le hablé en lenguas desconocidas con gran enojo y lo empecé a empujar hacia abajo del monte para hacerlos retroceder y sacarlos de la finca.
Después que los eché afuera; con regocijo vine y dancé en la presencia del Señor en cada lugar donde quemaron incienso a sus falsos dioses y terminé en el suelo bajo la unción inefable del gozo del Espíritu y de Su risa. Finalmente dije: Señor no sé si lo hice bien, pero los eché fuera. Terminé riendo y danzando.

Después de tener esta experiencia, yo sabía que en breve el Señor me llevaría a combatir espiritualmente esos poderes budistas. Para 1995, el Dr. Cerullo me invitó otra vez para ministrar en la India, específicamente en Bombay a 7000 delegados de 25 estados de la nación. Dentro de ese gran grupo, venían pastores de los Himalayas; y yo quería hablar con ellos... 

En uno de los días en que yo prediqué, me reuní con ellos. Había predicado acerca de la guerra territorial y ellos estaban muy emocionados. Mi reunión, se realizó con líderes importantes y muy claves. El sueño, empezó a tener sentido y planeamos sin titubear, una gira para 1996 que incluía, dar personalmente dos escuelas de ministerios; una en Bombay para unos 2500 pastores y líderes y otra en Gantook; para 1000 personas, sobre Guerra Espiritual.

El financiamiento sería dado por nuestra Iglesia en Costa Rica y el trabajo de coordinación por cuatro pastores de la India (formaríamos con ellos, un Equipo Apostólico).

La otra parte de la empresa sería, rodear Calcuta y orar por la ciudad; tomar el Gate Way en Bombay, orar en el Mar Arábigo haciendo un recorrido en barco y sobre todo subir a la cordillera de los Himalayas para enfrentar a los poderes demoníacos del Tíbet.

Viajamos para cumplir la tarea a Bombay, Calcuta y Bagdogra en avión y luego nos trasladamos en jeep hacia los montes altos; específicamente a Gangtook, un pueblo pintoresco a casi 4000 metros de altura en la Cordillera. Desde este pueblo tendríamos dos objetivos claros, el Shangu Lake (el Lago Sagrado donde nace el Río Ganges conocido como el “Trono de los dioses”) y el Monasterio Rumtek (Copia del Monasterio Principal en el Tíbet, construido en los 70, después que la nación cayó en manos comunistas).

Después de subir al Shangu Lake y realizar los actos proféticos por Dios encomendados, nos preparamos para viajar al Monasterio Budista, Centro de Estudios del Budismo para todo el Asia,  conocido como Rumtek. Allí  el Dalai Lama y los principales sacerdotes budistas de 45 naciones tienen una de sus bases principales. Este lugar popularmente es conocido como  “el Aeropuerto”. Este no es lugar  para el aterrizaje de aviones; si no curiosamente allí llegan a través de viajes astrales (ocultismo) dichos monjes para encontrarse con su líder máximo; el Dalai Lama.

Penetramos aquella fortaleza como si fuésemos turistas; aprovechando cada momento en diversos lugares para orar profética y específicamente, atando los poderes malignos que desde allí fluyen hacia las Naciones. Afuera del gran monasterio y Centro de Estudios Budistas, que se levanta majestuoso en la montaña, al pie del monte, realizamos los actos proféticos que el Señor nos pidió que hiciéramos. Terminamos con una gloriosa “Santa Cena de Redención” a un lado del río que baja de aquella montaña.

Al retornar a mi país, después de largo tiempo de viaje, yo sabía que, regresaría otra vez, pero no sabía a dónde. En el  futuro, el Señor nos lo indicaría con mucha claridad y precisión.
Fue Ana Méndez, profeta de Dios, de la bella nación de México a quien Dios usaría para hacerme  retornar al Asia. Ella es fundadora y parte activa del equipo de intercesores llamado “Libertadores de las Naciones” y del cual soy la Cobertura Apostólica. Este es un equipo de “Águilas de Dios” que se mueve por naciones, ciudades y valles, haciendo guerra territorial al reino de Satanás. Ana me contactó por ser yo su pastor y guía, para buscar orientación con respecto a un viaje que ella quería hacer al Asia para “espiar espiritualmente” la tierra.

Mi recomendación fue precisa; ella debía ir a la cordillera de los Himalayas. Ana Méndez, es la coordinadora de actividades o misiones especiales para el Centro Mundial de Oración en el presente. Ella es una de esas mujeres que nacen marcadas por Dios para realizar cosas singulares. Ella está ungida por el Espíritu Santo definitivamente; es una “guerrera de intercesión profética” que el Señor ha levantado para dirigir a Su pueblo a la conquista territorial y espiritual. A finales de 1996, ella viajaría a Nepal para observar los montes altos, llamados popularmente los “ocho miles”, dentro de ellos, el imponente Monte Everest (Chomolugma), el más alto del mundo con 8.862 metros de altura. Dios le impactó a ella en los Himalayas y allí le mostró una visión importante.

El Espíritu le hizo ver una enorme fortaleza o castillo de hielo sobre el Everest. Al compartir al Dr. Peter Wagner esta visión del cielo, él tomaría de la misma, el nombre para el proyecto de oración en los Himalayas.

Fue bajo el consenso de varios ministerios maduros que se organizó la expedición de oración más impresionante que yo haya conocido bajo el nombre “Operación Castillo de Hielo”. Este viaje riesgoso se realizaría en setiembre y octubre de 1997. La intención era clara, realizaríamos la batalla de intercesión más importante quizás, para la liberación espiritual de la Ventana 10/40 en las alturas del Monte Everest.

Un grupo de personas escogidas para aquella hora conformó el Equipo Internacional que viajaría a Nepal.

Tres divisiones o escuadrones de intercesores realizaríamos juntos la tarea. Los dos primeros se quedarían uno en un albergue y el otro, en el hotel Everest View aproximadamente a 3.800 metros de altura. Un grupo sería de intercesores latinoamericanos. Desde allí orarían de continuo por los que subiríamos la montaña y realizarían actos proféticos. El resto, 11 de nosotros continuaríamos el ascenso de los Himalayas.

Es importante que el querido lector sepa que, en esas zonas altas, están establecidos los principales monasterios y centros de preparación y adoración de las diversas sectas orientales. Estos montes, son el asiento de los lugares sagrados de los diversos grupos budistas, hinduistas y nueva eristas. La concentración del poder maligno es impresionante allí y es además, el santuario natural ancestral y antiguo de los seguidores de los dioses falsos del Oriente.

Allí, los poderes del paganismo y las prácticas babilónicas del más alto nivel, tienen sus fortalezas. La influencia más fuerte hacia la Ventana 10/40 emana de allí.

Cuando por primera vez hablé con pastores de la India sobre el tema de los Himalayas, ellos me hicieron saber algo muy interesante y digno de considerar. El pastorado de la India, aunque  no lo pueden probar, piensan que cuando Satanás fue echado del cielo por Dios estableció su trono en los Himalayas. Sus poderes y fortalezas mayores están allí establecidos.

El monte Everest, se encuentra junto a otros montes elevados, los “ocho miles”, mayores a los 8000 metros de altura en un parque nacional llamado el Sagarmatha, cuyo nombre significa “Madre del Universo”.  Esto además de peculiar es sumamente revelador, sobre todo si se considera que el Nombre del Everest en Nepalí es “Chomolugma” cuyo significado es “donde se sienta la Reina del Cielo”.

En su libro “Confrontando a la Reina del Cielo”, el Dr. Peter Wagner escribe sobre este proyecto “Operación Castillo de Hielo” indicando con claridad la importancia de este Proyecto para la apertura de las naciones de la Ventana 10/40 al Evangelio de Jesucristo. Días antes de partir al viaje yo tuve una experiencia con Dios muy singular. Hasta ese día, prevalecía la idea de que era necesario subir a la cima del Everest para obtener la victoria. Yo en lo personal, no estaba muy seguro de eso aunque nos habíamos preparado por años para el ascenso. En una madrugada preparada por Dios, Él me habló sobre el viaje al Everest. Tuve el siguiente sueño:

“Me encontraba en la Base del Monte, en una tienda de campaña y con un traje de color rojo (curiosamente fue el mismo que me compraron los coordinadores para subir los Himalayas). De repente, el Espíritu Santo me indicó salir de la tienda y subir la montaña. Él me ordenó llevar en mis manos una espada y una daga (puñal). Después de algunos minutos de camino, me pidió detenerme. Era un lugar clave y preciso. El Espíritu del Señor, me guiaba. Esa era su batalla. En ese lugar definido, me ordenó hundir la daga con fuerza en la nieve y hacia la tierra. Él me dijo: “hunde la daga profundamente, pues el enemigo que vas a vencer es un dragón de siete cabezas y diez cuernos y debe ser herido en la garganta”. Luego entonces me indicó tomar la espada en mi mano derecha y me dijo: “golpea siete veces al aire aunque no veas nada, siete cabezas deben ser cortadas de tu enemigo”.

De inmediato di los siete golpes de espada y aunque no veía nada a mi alrededor, en cada golpe sentía que cortaba algo que no oponía resistencia a la espada.

Luego, un enorme estruendo se oía en un monte cercano. Era como si una enorme cabeza fuera cortada y cayese estrepitosamente sobre la nieve de la montaña. No lo veía, pero lo sentía. Aleluya.

Una vez terminado el sueño, desperté. La Unción y Presencia de Dios era poderosísima sobre mí. Yo exclamé: “Cómo no lo había pensado antes, esto es revelador. Mi tarea consistirá entonces en encontrar el lugar exacto donde realizar los actos proféticos”.

Desde ese día decidí que no subiría a la cima del Everest, yo asumiría la parte de las acciones proféticas bajo la dirección del Espíritu Santo.

Bajo la unción que prevalecía en mi cuarto, el Señor me llevó al libro del Apocalipsis, específicamente al Capítulo 17, donde se menciona a la Gran Ramera la cual tiene siete cabezas y diez cuernos. Este era precisamente el espíritu satánico denominado como “la reina del cielo”. A éste iríamos a combatir a los Himalayas y a éste, según el sueño, le asestaríamos el golpe de gracia y su caída sería estrepitosa. Este espíritu después de la “Operación Castillo de Hielo”, comenzaría a perder su influencia idolátrica en las naciones de la tierra.

Una vez en el campo base (Base Camp) a más de 5500 metros de altura, el Señor nos dirigió para realizar la batalla espiritual de alto nivel contra el poder babilónico de la reina del cielo.

Fue un día preciso, el Espíritu Santo nos dirigió hacia el lugar determinado. Esa mañana, yo vestía mi ropa especial color rojo, como en el sueño. Marchamos hacia un lugar que parecía una enorme garganta o puerta hacia la tierra.

Tendría quizás unos 15 o 20 metros de ancho por 25 o 30 de alto. El sólo mirar hacia el fondo de esta garganta o cueva subterránea, sobrecogía. Era además de espeluznante, muy, pero muy impresionante.

Bajo la dirección del Espíritu Santo, realizamos las acciones proféticas ordenadas por Dios. Usamos aceite para la unción, vino para la libación y sal para el pacto. Usamos el Shofar para dar el sonido del jubileo nacional y desatamos banderas de diversas naciones del mundo, simbolizando con esto que, el espíritu de esclavitud nacional era atado y los pueblos, liberados. Usé la daga y la espada (machete costarricense) como me fue indicado en el sueño y sentimos que el Señor había descendido para avalar los actos ejecutados.

La gloria de Dios bajó en aquel lugar distante y por primera vez el Everest era visible a nuestros ojos en aquellos días. Aleluya.

Ana Méndez realizó un acto singular, lanzando dentro de aquella gutural garganta o puerta, una Biblia. Este era el símbolo vivo que desde ese día, en las naciones de la Ventana 10/40 una nueva hora aparecería, la hora de la Palabra de Dios. Amén.

Varios días más fueron necesarios para ejecutar a plenitud la comisión divina por esta parte del mundo. Pero un hecho viene a mi memoria y debe ser narrado en este libro pues lo creo de vital importancia.

Al regresar al Campo Base por la tarde de aquel día de cumplimiento del sueño del Espíritu, tuvimos una Santa Cena para agradecer al Señor Su cobertura y dirección, además de continuar profetizando y realizando otros actos y proclamas proféticas. La adoración en la noche fue gloriosa. En medio del frío y de la nieve espesa, tuve una visión majestuosa. Esta fue la experiencia: Yo miré como los tres montes altos que están muy cerca uno del otro, el Everest, el Nutsé y el Lotse, se juntaron y literalmente conformaron una silla o trono en las alturas.

Luego, súbitamente, una figura extraordinaria y majestuosa llena de luz y no definible con exactitud, bajó de los cielos y se sentó en ese trono. Aleluya.

Sus pies quedaron abajo de los montes, su tamaño y esplendor eran sorprendentes. Su vestidura era blanca y resplandeciente y lo llenaba todo. Aleluya. Al sentarse en la silla de los montes, éstos se derritieron y se aplastaron ante Su Presencia. Él era el Señor; Jesucristo se me aparecía en la visión divina. El se manifestaría ahora como Rey de Reyes y Señor de Señores, sentándose en la silla o trono de Su creación.

El Señor Jesús, aplastaba a la “Reina del Cielo” y se entronizaba poderoso en la corona de su creación, las montañas más altas del mundo para proclamar la victoria profética sobre las fuerzas del mal en la Ventana 10/40. Amén y gloria al Señor.

De pronto, dos ángeles de gran tamaño bajaron del cielo. Traían en sus manos trompetas de oro y de plata. Se ubicaron a la derecha e izquierda del que estaba sentado en las alturas de los montes y gritaron a gran voz: “Ha caído Babilonia, ha caído la Gran Ramera, la hora de su derrota ha llegado.” Luego tocaron trompeta anunciando el jubileo en las naciones y diciendo: “Desde este día en adelante, los predicadores tendrán que predicar y anunciar que Cristo viene pronto pues ha caído la gran Babilonia. Amén”.

La repercusión de esa caída de la “Reina del Cielo o espíritu de la gran ramera, usted la encontrará en este libro. Los efectos de su derrota son evidentes en la Ventana 10/40 y serán los que nos den el ánimo para derribar a la Reina del Cielo en la nueva meta de guerra profética, la Ventana 40/70. Con Dios, querido intercesor todo será posible. La Victoria, aleluya, será más grande Amén.

“Ven acá y te mostraré la sentencia contra la Gran Ramera, la que está sobre muchas aguas. Con ella han fornicado los reyes de la tierra, y los habitantes de la tierra se han embriagado con el vino de su fornicación.  Me llevó en el Espíritu al desierto, y vi a una mujer sentada sobre una bestia escarlata llena de nombres de blasfemia, que tenía siete cabezas y diez cuernos. La mujer estaba vestida de púrpura y escarlata, adornada de oro, piedras preciosas y perlas, y tenía en la mano un cáliz de oro lleno de abominaciones y de la inmundicia de su fornicación. En su frente tenía un nombre escrito, un misterio: “Babilonia la grande, la madre de las Rameras y de las abominaciones de la tierra”… Apocalipsis 17:1-5

“Después de esto vi otro ángel que descendía del cielo con gran poder, y la tierra fue alumbrada con su gloria. Clamó con potente voz diciendo:
“Ha caído, ha caído la gran Babilonia”. Apocalipsis 18:1-2

  • 06/02/2014
  • Estudio

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