¿Cómo será el Arrebatamiento?

Cristo Viene - Suplemento Octubre 2013 - Por: Maestro Wim Malgo

Arpas y CopasLa Biblia lo explica con toda claridad. Primero está escrito en 1ª Tesalonicenses 4:16


“Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero”

Hace poco alguien me preguntó: “Duermen los muertos hasta el regreso de Jesús? Si un creyente muere, ¿pierde el conocimiento?” ¡Jamás! Sabemos que tan pronto como el cuerpo muere, el alma y el espíritu están con Cristo (2ª Co. 5:8), pero el cuerpo de gloria no se recibe hasta el momento del arrebatamiento (Fil. 3:21). Por eso es tan importante saber que después del entierro el cuerpo corrupto queda vinculado invisiblemente al alma que está con el Señor. De este hecho resulta que la incineración de los muertos es una violación terrible. Ella es una abominación pagana, porque, según 1ª Corintios 15, el cuerpo es una semilla que será sembrada y en él hay algo que no se puede analizar materialmente. Llamémoslo un germen espiritual, del cual será resucitado el cuerpo de gloria (1ª Co. 15:44). Por eso se abrirá la tumba en que fue sepultado el cuerpo como una semilla. “Los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos” (1 Ts. 4:16-17). Es necesario que nos amonestemos mutuamente, porque el arrebatamiento puede suceder en cualquier momento. Después de ese acontecimiento ya no habrá tiempo para reflexionar. En 1ª Corintios 15:51 está escrito: “He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados”. Será tan instantánea esta transformación, como cuando se enciende una lámpara al conectar la perilla. De repente todo está iluminado. El foco de mal aspecto se transforma rápidamente, porque está conectado con la central eléctrica, y porque se presionó el interruptor. En las ciudades eso se puede observar cada tarde, cuando miles y miles de focos se transforman en el mismo instante en que se acciona el interruptor en la central eléctrica.

Arpas y Copas - ¿Cómo será el Arrebatamiento? - Octubre 2013

Este es un ejemplo hermoso que ilustra cómo será la transformación de los hijos de Dios cuando venga el Señor. Somos en realidad hombres insignificantes que vivimos entre los demás sin llamar la atención. Sin embargo, en el momento del arrebatamiento se manifestará quiénes somos. En el cielo se “accionará la perilla”, por decirlo así, y entonces todos los hijos de Dios serán transformados en un instante. ¿Y por qué? Porque todos están conectados con la central celestial, es decir, con Jesús. ¡De ahí que sea tan importante, pues, que tengamos una relación vital con Jesús! (Jn. 15:4) ¿La tienes tú?

¿Quién participará en el arrebatamiento?
Esta es una pregunta muy controvertida. Algunos dicen que solamente una parte escogida de entre la Iglesia de Jesús será arrebatada, mientras que otros opinan que toda la Iglesia participará en el arrebatamiento. Lo segundo es justo, porque la Iglesia ya es una selección. Pero no todos los que lo piensan pertenecen a la Iglesia de Jesucristo. En las diversas denominaciones existen muchas personas religioso-superficiales que nunca experimentaron el nuevo nacimiento. Por eso tenemos que mirarnos en el espejo de la Palabra de Dios que nos revela claramente nuestro estado interior. Pero cuando examinamos la vida de los cristianos hoy a la luz de la Biblia, a menudo nos asustamos porque nos damos cuenta de que muchas personas no leen las Escrituras. Por eso son incapaces de conocer y reconocer la voluntad de Dios. ¿Quién, pues, será tomado cuando venga Jesús? La Biblia nos indica algunas características muy precisa de las personas preparadas para el arrebatamiento:

1. Los que pertenecen o Jesús
“Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos” (Gá 5:24). Es decir, aceptan la cruz para hacer morir al viejo hombre. ¡Eso es sumamente importante!

2. Los que esperan al Señor
En el Nuevo Testamento repetidas veces encontramos la segunda característica: Esperar a Jesús. Por ejemplo en Filipenses 3:20: “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo”. En 1 Corintios 1:7 está escrito: “...esperando la manifestación de nuestro Señor Jesucristo”. 1ª Tesalonicenses 1:9-10: “...os convertisteis de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero, y esperar de los cielos a su Hijo”. Tito 2:13: “...aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro Gran Dios y Salvador Jesucristo”. Hebreos 9:28: “Así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan”. Y ¿qué dice Jesús mismo en Lucas 12:36?: “Y vosotros sed semejantes a hombres que aguardan a que su señor regrese”. Entonces ¿cómo es un hombre que espera? ¡Este es un hombre que se prepara para recibir a la persona esperada!

3. Aquellos, cuya ciudadanía está en los cielos
En Filipenses 3:20 encontramos la tercera característica de un hombre preparado para el arrebatamiento: “Nuestra ciudadanía está en los cielos”. Esto es sumamente importante. El hombre que será arrebatado cuando venga Jesús, ya está desligado de lo terrenal y su ciudadanía está en los cielos. Por eso tal hombre vive la vida cotidiana desde el punto de vista celestial. Es algo muy diferente si miro a las montañas altas desde abajo o desde arriba. Visto desde abajo esas montañas son inaccesibles para mí; pero si vuelo en avión por encima de ellas las puedo contemplar desde arriba. Si bien son altas, pero yo aún estoy encima de ellas. ¿Cambiaron las montañas? No, siguen siendo exactamente las mismas y de igual altura que antes. La diferencia consiste en que las miro desde otra posición. Es la voluntad del Señor que juzguemos todo desde el punto de visa celestial. Nuestra ciudadanía está en los cielos, porque “juntamente con Él nos resucitó, y así mismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús” (Ef. 2:6)

4. Los que se dejan purificar profundamente
“Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando ÉL se manifieste, seremos semejantes a Él, porque le veremos tal como Él es. Y todo aquel que tiene esperanza en Él, se purifica a sí mismo, así como ÉL es uro” (1ª Jn. 3:2-3)

5. Los que llevan una vida de santificación
Ahora llegamos a la última etapa, a la santificación. Donde hay una profunda purificación, también hay santificación. Ella es para un hijo de Dios la condición indispensable para ver al Señor, pues, la santificación nos acerca un paso más a Dios. El perdón del pecado significa decir no al pecado, la santificación significa decir sí a Jesús. En el arrebatamiento se manifestará visiblemente la Iglesia de Jesús. En aquel momento veremos quién pertenece a ella. Nos asombraremos, porque se manifestará la verdadera Iglesia. Ya no habrá Iglesias Bautistas, ni Nazarenos, ni Hermanos libres, ni Asambleas de Dios. Habrá solamente un gran rebaño y un solo pastor, en el cual todos son una cosa, porque la Iglesia de Jesucristo es una cosa. ¡Qué insensatos son los hombres que quieren unificar a la Iglesia de Jesucristo por medio de un movimiento ecuménico! ¡Eso es un gran error! La Iglesia de Jesús no puede ser llevada a una unidad hecha por hombres, porque ya es una sola cosa en sí misma. Las paredes que existen en medio de ellas son solamente de carácter organizador, pero desaparecen cuando nos reunimos con hijos de Dios. Por eso será gloriosa la manifestación de la transformada Iglesia de Jesucristo. Revestidos con cuerpo de gloria, nos conoceremos mutuamente. Pero la Biblia nos amonesta en Hebreos 12:14: “Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor”.

  • 01/02/2014
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