Viene la plaga, pero no me gusta bailarla

Cuando los Justos Gobiernan - 3ra Parte - Por: Pavlo Chaves

Cuando los Justos Gobiernan

A mediados del siglo pasado se popularizó una canción entre la juventud latinoamericana de aquellos años, se llamaba: La Plaga. El éxito lo recordarán muy bien muchos padres y abuelos de hoy, que limpiaron las pistas de baile con su pegajoso ritmo. Aquella pieza fue una especie de remix del que fuera otro gran éxito, pero en inglés del afamado músico afroamericano Little Richard, quien la dio a conocer bajo el nombre de Good Golly Miss Molly. 

Cuando los Justos Gobiernan

Una particularidad de la traducción al español es que no guarda similitud con la original, la mayoría de los hispanoparlantes han cantado una letra muy distinta a la versión estadounidense. Según la adaptación del grupo mexicano Los Teen Tops, quienes la interpretaron en español, la idea de “rocanrolear” es una especie de plaga que a todos los pone a bailar. Sin duda cualquiera que rememora la canción no encontrará nada fuera del lugar en su letra, la cual resulta divertida, un poco sin sentido y en el peor de los casos un tanto picaresca, pero no mucho más. 

A pesar de ello la primera versión, y por lo tanto, la base de la segunda tiene otro significado absolutamente, puesto que alude con doble intención al sexo. Expresiones como: “Rockin and a rollin”, “like to ball” y “made me ting-a-ling-a-ling” para quien sabe contextualizarlas son connotaciones pasadas de tono. También es de sobra conocido que por el lenguaje usado el personaje de Miss Molly  (traducido como: la Señorita Molly) era una prostituta con la que un adolescente mantenía relaciones.

Esta particularidad de una de las canciones más famosas del Rock and Roll retrata metafóricamente la razón de porqué decidí meterme en política, aunque en principio pareciera que hablo de agua y aceite. Desde mi perspectiva como joven empresario y ministro una gran cantidad de temas sensibles a nivel social se tratan con suma inocencia dentro del país. Así como la versión en español de La Plaga intenta ser entretenida, sin importar cuál es el mensaje de fondo que inspiró la pieza, existe un interés generalizado por tratar tópicos como aborto, matrimonio homosexual, fecundación in vitro y eutanasia con suma liviandad. Los grupos seculares han mostrado ante la opinión pública estos debates como grandes circos que enfrentan a los cavernícolas religiosos por un lado y a las personas que caminan hacia el progreso en el otro extremo. Una polarización y estigmatización con la cual disiento absolutamente y frente a la cual hay que luchar, porque indudablemente invisibiliza a un enorme sector de cristianos. 

Este tipo de manejo ha dejado de lado la discusión de fondo, que está lejos de tratarse de la defensa de los derechos de ciertas minorías. Se ha logrado vulgarizar a tal grado algunos temas, que gran cantidad de cristianos les da lo mismo una cosa o la otra. Esa desidia por supuesto no la comparto, y por el contrario, considero que el país enfrenta días históricos durante los cuales se escribirán las primeras páginas de las generaciones que habitaran Costa Rica durante los próximos cien años. Así como muchos jóvenes latinoamericanos se movieron al son de una canción aparentemente inocente y entretenida durante los 50 y 60, detrás de ellos había un reducido grupo de interesados que sin importarle el verdadero mensaje de la pieza la puso a sonar porque les resultaba conveniente. Hoy sucede exactamente lo mismo en Costa Rica, pero las rocolas suenan una canción distinta. Son palpables las intenciones de ciertos grupúsculos en cambiar el modelo de país que hemos desarrollado durante los primeros doscientos años de vida independiente, pero lo intentan sin hablar de reformas estructurales. Buscan su objetivo dinamitando los valores esenciales de nuestra sociedad actual, basándose en modelos occidentales que ya pasaron su mejor época, y por el contrario, están en el ocaso de su esplendor reflejado claramente por esa misma decadencia moral.   

Es evidente que imponer los estilos norteños de Europa y América resultaría imposible hacerlo a golpe de tambor, por lo tanto, han buscado “tropicalizar” su mensaje, así como se hizo con Good Golly Miss Molly. Dándose dejos de ilustración, defensa de derechos o avance social se intenta volver la mirada de la nación hacia otro punto de enfoque paulatinamente. Tal como la traducción buscó tener éxito a toda costa, muchos han adoptado ese mismo lenguaje para sentirse aceptados, mostrarse como intelectuales de avanzada o por su puesto para obtener votos fácilmente. Un simplismo que en definitiva no va conmigo y me parece imperioso contratacarlo. 

Esa forma relativista y superflua con la que se manejan esos atentados contra los principios de la familia, la vida y el matrimonio son comparables a cualquier plaga de termitas que comienza a socavar silenciosamente los cimientos de la estructura. Cual punta de iceberg, que esconde una mole de hielo son esos proyectos de ley que no se han demorado en intentar atacar la educación, el sistema judicial, la libertad de culto y hasta la de opinión. Quien haga una lectura superficial del acontecer costarricense moderno pensaría que todos estos temas son una serie de realidades que se aprobarán tarde o temprano, como proyectos de ley, sin embargo, quien resulte ser más incisivo logrará percatarse que después de estos vendrán muchos más, que le darán soporte a una nueva construcción. La gran pregunta acá es: ¿Son esos los fundamentos en los cuales la mayoría de los costarricenses cree y al mismo tiempo quiere heredarle a sus hijos? Lo dudo, por lo tanto, es imperiosa la necesidad nacional de que los representantes del sector más grande de la nación aparezcan en la palestra pública. No para prestarse al show mediático, sino para desarrollar e involucrarse en la construcción del ideal nacional. 

La sensación de apremio que produce ver esa presión constante de medios de comunicación, partidos políticos y grupos activistas en contra de los ideales que cualquier creyente debe atesorar me despiertan hacia la mejor forma de lucha que conozco, la de las ideas. Poder transmitir desde una curul la defensa de los valores elementales para la vida y los proyectos que Costa Rica verdaderamente necesita me inspiran y me obligan. La oportunidad de trabajar en propuestas serias y pragmáticas que buscarán no solo oponerse, sino construir es un sueño que cabalga conmigo desde hace tiempo. Sé que aunque hoy parezca una gota en el desierto, sé que mañana el esfuerzo dará un oasis. 

Hoy más que nunca y frente a un nuevo proceso electoral tengo el panorama claro, sé que muchos están moviéndose al son de la plaga, pero yo no voy a bailarla porque sé lo que hay detrás. Para perjuicio de algunos y beneficio del país tanto acoso por destruir nuestros principios solo conseguirá que la nueva generación de cristianos tengamos una razón más fuerte por la cual luchar.

  • 28/01/2014
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