El poder de elegir

Cuando los Justos Gobiernan - 3ra Parte - Por: Diputado Carlos Avendaño

Cuando los Justos Gobiernan

La capacidad de decisión es el atributo divino fundamental del ser humano, desde el punto de vista de la creación. En el relato bíblico, uno de los actos de amor más sublimes e importantes que están registrados en la Palabra de Dios, es precisamente la creación del hombre. Dios se deleita creando a su primer hijo terráqueo, Adán, y lo hace en plural (hagamos al hombre) como una manifestación del infinito amor del Dios trino en este evento.
 
Pero lo que más llama la atención del relato, es la observación explícita con la que sentencia la Deidad en el acto de crear al hombre, la capacidad única del género humano de tener una de las cualidades fundamentales de Dios: la capacidad de decidir:
 
"Entonces Dios dijo: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza...." (Génesis, 1:26)
 
En efecto, la capacidad de decidir es esa cualidad a la que se refiere el Libro Sagrado, en relación con la semejanza e imagen del hombre respecto de Dios. Naturalmente, se trata del epicentro de la historia de la humanidad, desde la creación, pasando por la caída, el Plan de Salvación, el ministerio terrenal de Cristo y, escatológicamente hablando, la segunda venida y el fin de los tiempos. Elegir es decidir y elegir en política es el uso del don de Dios para con la humanidad en el campo de la función de gobierno.

Cuando los Justos Gobiernan
 
Elegir y ser elegidos
 
En Costa Rica, todos los primeros domingos de febrero, cada cuatro años, se eligen a hombres y mujeres para que gobiernen, legislen y administren el país. Se utiliza como guía el color de una bandera, el nombre del partido, un eslogan, aún la sonrisa del candidato.
Elegir es una palabra que proviene del latín “eligere” que significa escoger, preferir a alguien para un fin o nombrar a una persona por elección para un cargo o dignidad (www.rae.es). Electo y elegido son los participios de este verbo (el primero es irregular y el segundo regular). Electa es una persona elegida o nombrada para una dignidad, antes de que tome posesión de su cargo.
 
Es interesante que una de las acepciones del término elegido, es aquella persona que ha sido “predestinada”, es decir “elegida por Dios”. Con respecto a la Salvación, la Biblia es abundante en que los creyentes han sido predestinados para ella, pero la gran confusión surge cuando se les dice que también han sido “elegidos” para gobernar y ejercer la administración sobre un país o una ciudad. Como ya se ha reiterado en este trabajo, la elección de alguien para gobernar con arreglo a los principios de Dios, requiere de ciertas condiciones.
 
Deben ser personas que tengan comunión con Dios (Génesis 1:26-28)
 
Cuando Dios creó todas las cosas, puso a Adán a gobernar, por lo que fue el primero en ejercer autoridad. Dice la Escritura que él se enseñoreaba de todo lo que Dios había hecho, él lo administraba, él era el mayordomo de Dios. Cuando Adán rompió su comunión con Dios y fue sacado del Huerto del Edén, también perdió su posición de gobierno y dominio. Había sido puesto en una posición “sobre” (en autoridad) toda la Creación, pero perdió esa autoridad con su caída.
 
Para gobernar se requiere tener comunión con Dios. Quienes gobiernan sobre las naciones lo hacen sobre aquello que pertenece al Señor, porque es su Creador y, por tanto, se necesita relación, correspondencia, trato, afinidad con quien trazó el diseño y fundó toda la Tierra.
 
No deben ser rebeldes ni desobedientes con el Señor (1 Samuel 10:1-8 y 15: 10-30)
Otro caso impactante es el del Rey Saúl, quién fue un hombre escogido por Dios para gobernar, junto con toda su casa. Por su desobediencia y rebeldía fue quitado como soberano él y toda su familia.
 
El Señor no admite para gobernar, a quienes se rebelan contra él y contra su Palabra. Saúl no hizo caso a las instrucciones que el profeta Samir’ le dio de parte de Dios y esto ocasionó que fuera cortado de su posición. Este hombre, escogido por el Señor para reinar, perdió su autoridad, su cetro y, finalmente, su alma.
 
No pueden ser idólatras (Levítico 19:4 y Ezequiel 20:18)
 
En un capítulo siguiente se tratarán los casos de Acaz y Ezequías (1 Reyes, capítulos 16 al 18 y 2 de Crónicas capítulos 29-32), . El primero fue un rey que hizo lo malo delante del Señor, al punto de llegar a promover el paganismo y la adoración a dioses falsos. Ezequías fue un monarca temeroso de Dios y desde el principio hizo pacto con el Señor, tanto como persona, así como gobernante.
 
Cuando el pueblo de Israel toma posesión de la tierra de Canaán, se encuentra con una serie de pueblos que rendían culto a Baal. Estas prácticas idólatras se mantuvieron no solamente con el favor de gobernantes de turno, sino también con su participación directa.
Mientras un rey votaba los ídolos y restituía la adoración al Señor, el siguiente dirigía su mirada al paganismo y volvía a levantarlos. Hoy muchos de los gobernantes que elegimos están involucrados en este tipo de prácticas y, sin embargo, no hay reparo en escogerlos en contra de las disposiciones divinas.
 
Ciertamente, nuestra responsabilidad de decisión, sea que determinemos apoyar a un gobernante que no anda por los caminos de Dios; sea que nos abstengamos de apoyar a alguien, sin un escrutinio serio y espiritualmente consiente de nuestros actos, es completamente nuestra responsabilidad. Y Dios nos llamará a cuentas por ello.
 
Deben ser temerosos de Dios (Daniel 1:4-8)
 
Daniel fue Primer Ministro de cuatro reyes de Babilonia. Desde su temprana juventud hasta sus ochenta años, los soberanos del Imperio (Nabucodonosor, Belsasar, Darío y Ciro) le consultaban con la convicción de que su consejo estaba lleno de sabiduría para ellos y para los pueblos sobre los que regían.
 
Fue un hombre perteneciente a una familia noble de Judá, instruido en la propia Corte de Nabucodonosor, quizá el más grande de los reyes babilónicos. Pese a encontrarse en una nación pagana y a la presión que se ejercía sobre él, ejecutó autoridad sin renunciar a sus principios.
 
A este hombre de Dios le tendieron trampas y lo lanzaron al foso de los leones para que quebrantara sus principios. Lo malo no es gobernar, sino que, a diferencia de Daniel, muchos dejan sus principios para “probar de la comida del rey”. Este hombre de Dios propuso en su corazón “no contaminarse”, se mantuvo firme hasta el final de sus días y Dios le dio autoridad para gobernar.
 
Deben tener un corazón conforme a Dios (1 Samuel 16:1-13)
 
David es otro buen ejemplo. Cuando el Señor quitó a Saúl mandó a llamar a su profeta y le encomendó buscar rey para la nación. Samuel se fue para la casa de lsaí y escogió en obediencia a un muchacho conforme “al corazón de Dios”.
 
En el proceso de selección del sucesor de SaúI, el profeta (rdtó de determinar si alguno de los siete hermanos de David sería el ungido de Dios, pero no era ninguno de ellos. Era un muchacho, de unos 15 años, quien fue ungido para gobernar. Debe recordarse que los gobernantes pueden traer maldición o bendición. David trajo el Arca de Dios y la nación fue bendecida. Dios dijo que los que gobiernan deben ser hombres (y mujeres) conforme a su corazón. Hombres dispuestos, en el ejercicio de su función, que le den gloria a Él.
 
Con base en las anteriores características descritas, se podna hacer una prueba sencilla que permite determinar cuánto valor se le atribuye al poder de elegir. Cuando un cristiano va a elegir a alguien para que gobierne sobre él y sobre la nación, cuáles de las siguientes características toma en consideración:
 
a. ¿Es una persona que tiene comunión con Dios?
b. ¿Es obediente al Señor?
c. ¿Es un idólatra?
d. ¿Es temeroso de Dios?
e. ¿Tiene un corazón conforme a Dios?
 
Hay un canto de niños que dice “Cuidado mis ojitos lo que ven; cuidado mis manitas lo que tocan”. Hoy, podría recordárselo a los cristianos que votan sin mirar las consecuencias de sus actos: cuidado a quién elijo, en el cielo está el Señor...
 
¿Por quiénes votamos?
 
La potestad de elegir por quienes votamos, requiere de entrada, analizar tres versículos del libro de Proverbios, que son cruciales para entender con claridad cuál es la voluntad o el propósito de Dios a la hora de que los ciudadanos cristianos voten para designar a quiénes deben ejercer el gobierno sobre los países.
 
“En el bien de los justos la ciudad (Polis) se alegra; mas cuando los impíos perecen hay fiesta” (Proverbios 11:10. El paréntesis es nuestro) 
 
“Cuando los impíos son levantados se esconde el hombre; más cuando perecen, los justos se multiplican “ (Proverbios 28:28).
 
“Cuando los justos dominan, el pueblo se alegra; mas cuando domina el impío el pueblo gime “ (Proverbios 29:2).
 
El libro de Proverbios enseña que se requiere de justos para gobernar, en contraposición con los impíos o perversos. En el gobierno de los primeros hay paz, alegría, pero en el reinado de los segundos el pueblo vive angustiado y deprimido, al punto de “gemir” de dolor.
 
Algunos dicen que nada tiene que ver la Biblia o los principios cristianos con este asunto de la política o de gobernar. Es más, cuando se acercan los tiempos de elección en nuestros países, muchos cristianos llegan a los pastores y preguntan por quién debo votar y estos de una forma muy ambigua les dicen:
 
“bueno nosotros no nos metemos en eso, órele al Señor a ver por quién el Señor le dice...“
 
Pero esto no ha sido más que una omisión, porque la Palabra de Dios contiene los principios para gobernar una Nación. Y para entenderlo, vale la pena recurrir a una ilustración con cuatro tipos de persona diferentes:
 
1- Satanista: cree en el culto a Satanás en sus más diversas manifestaciones. Lo practica y cree que eso, es lo mejor.
2- Idólatra: practica la adoración a los ídolos. El cree que por medio de la idolatría él se acerca a Dios y realiza diversas prácticas relacionadas con ella.
3- Masón: La masonería sitúa a cada uno de sus miembros en el camino hacia su propia búsqueda iniciática de Sabiduría. Dentro de la familia masónica conviven personas de diferentes tendencias políticas y religiosas. En ella se encuentran ateos, deístas, agnósticos y escépticos, de izquierda y derecha, unidos por el lazo común de la fraternidad.
4- Nuevaerista: principalmente la “Nueva Era” responde a un “Nuevo Orden Mundial”; corriente que intenta, por medio de una nueva forma de pensamiento, sustituir la “religión”; basados en valores que vienen del misticismo oriental en el que el hombre es su mismo dios. Ellos afirman que todo ser es parte de un todo y todo es Dios; o sea, somos Dios.
 
Tenemos entonces un satanista, un idólatra, un masón y uno de la Nueva Era ¿A cuál de estos cuatro pondría un cristiano a gobernar su vida? Seguramente que a ninguno. Y si se le pregunta: ¿A cuál de estas cuatro personas se le entregaría el gobierno total de su familia? Otra vez la respuesta sería que a ninguno. La contestación es negativa porque todos los casos son incompatibles con las creencias y principios cristianos.
 
Agreguemos otro cuestionamiento: ¿A cuál de estas personas se podría poner a gobernar la iglesia? Surge la misma respuesta... a ninguno, debido a sus principios.
 
¿Dónde dejan los cristianos sus convicciones cuando se trata de escoger quién gobierne sobre la Nación? Muchas veces, en este caso no importa si es masón, si es de la Nueva Era, si es idólatra, si es homosexual o si practica cualquier tipo de pecado. Pero los mismos principios que rigen nuestras vidas y nue. tras iglesias, son los que deberían gobernar nuestra nación.
 
En muchos casos, cuando de elegir gobernantes se trata, no importa su creencia, lo que tenga en su corazón y sus prácticas. Se pone a cualquiera a gobernar simple y sencillamente porque corresponde a un partido político determinado o porque está bajo una bandera que tradicionalmente es la de la familia.
 
Siempre se ha votado por esos candidatos, los de ese partido y se toman conceptos muy livianos. Lo que se atreve a hacer un cristiano, de poner a alguna de estas personas que son contrarias a su fe, sobre su vida, su familia, su iglesia, es una forma irresponsable de ejercer el derecho divino de decidir, de elegir.
 
¿No es esto una irresponsabilidad como cristianos y creyentes en los principios de Dios? ¿No es esto un acto en el que no ;e conservan los principios cristianos? ¿Cómo es que ya no se valora? No importa si se sabe cuáles son las prácticas y la fe de una persona, se ignoran y se le pone sobre la Nación a ejercer gobierno, dominio e influencia.
 
Costa Rica consume 120 millones de litros de licor al año. Muchas veces las personas que están ejerciendo algún tipo de autoridad están atados al alcoholismo o a algún tipo de pecado, y son influencia sobre la nación. Los cristianos deben conservar sus principios y no dejarlos de lado cuando se va a escoger a alguien.
 
Se puede adicionar algunos cuestionamientos más: ¿Un cristiano cree que la idolatría es buena?. De seguro su respuesta será que no. Entonces, ¿cómo cree que los idolatras son los mejores para que gobiernen la Nación?. La respuesta está en la ignorancia y la falta de claridad sobre los mandatos de Dios sobre este tópico.
 
Si a un cristiano se le habla de una persona atea, que niega a Dios y cree que es un concepto inventado por el hombre, éste posiblemente diría que nunca lo escogería para gobernarle, porque siente un rechazo rotundo ante este tipo de creencias. Pero entonces ¿cómo coloca sobre la nación, en autoridad, a los que son ateos y niegan a Dios? ¿cómo siendo cristiano no le importan las creencias espirituales de una persona para ponerlo a gobernar?. ¿No es esto contrario a la Palabra?
 
La Biblia está llena de advertencias con respecto a lo anterior, lo cual se conceptúa bajo el axioma (proposición tan clara y evidente que se admite sin necesidad de demostración) del yugo desigual. Los cristianos han actuado mal en este aspecto.  Inclusive se ha votado por gente que persigue el Evangelio, que es enemiga del cristianismo, gente que abiertamente se autodefine como adherente a una religión o creencia totalmente contrarias a las Sagradas Escrituras. Los cristianos no han sido consistentes y consecuentes con sus principios al buscar gobernantes para su país.
 
Como se ha podido apreciar en este capítulo, existe una prescripción facultativa en la Sagrada Palabra de Dios, en términos de la posibilidad que tiene la persona, particularmente el cristiano, de elegir a los gobernantes. Nuevamente, los principios básicos establecidos en la Biblia y que al tenor de nuestro propio tamiz teológico y espiritual los visualizamos como principios cristianos, juegan un papel central en la disyuntiva de elegir.
 
La capacidad de elegir el gobierno es una extensión política de la cualidad divina presente en el ser humano, la capacidad de decidir, de tomar partido sobre las situaciones a las que se enfrenta y que, como se vio, representa la concesión de Dios al crear al hombre a su imagen y semejanza. Según la Biblia, esa capacidad debe ser ejercida con responsabilidad y atendiendo los principios cristianos y, si la persona no lo hace de esa manera, se expone a que su decisión genere frutos contrarios a la voluntad de Dios. De esta manera, la función de elegir gobierno, es una función con un alto impacto espiritual... y también social.

  • 28/01/2014
  • Estudio

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