El ejercicio de la Política desde la Visión Apostólica

Cuando los Justos Gobiernan - 1ra Parte - Por: Apóstol Dr. Elías Rincón

Cuando los Justos Gobiernan

La política afecta a la vida de toda ciudad, nación y estado, haciéndose presente en la totalidad de las instancias de gobierno como la educación, economía, cultura, acción social, administración de justicia,  salud, bienestar ciudadano, orden, paz, trabajo y en muchos otros campos.  Como Iglesia apostólica, declaramos nuestra responsabilidad no como una institución política, sino como un ente de gobierno espiritual.
 
Es innegable que vivimos en días determinantes y decisivos, donde  la Iglesia Apostólica está llamada a jugar un rol sumamente importante,  sobre todo cuando creemos que el Reino de Cristo se establecerá plenitud entre y con nosotros aquí en la tierra. Como Iglesia apostólica somos protagonistas en la sociedad como agentes de cambio, teniendo como fin la implementación de los principios de gobierno consagrado en la Palabra de Dios, a fin de transformar los conceptos y valores implantados por el sistema humanista en la sociedad.
 
Vemos con mucha preocupación que las autoridades perdieron el rumbo, y día tras día se alejan más de los principios y valores eternos establecidos en las Escrituras. Declaramos que la insistencia en este caminar estéril, ha llevado a las autoridades políticas a una evidente pérdida del rumbo, manifestándose en un alejamiento de los principios y valores establecidos en las Sagradas Escrituras, reflejándose, mayoritariamente en su nefasia gestión de gobierno. En la práctica se traduce en actos decretos de gobierno totalmente contrarios a la voluntad revelada de  nuestro Dios.
 
Si decimos que la Iglesia Apostólica está llamada a transformar por completo a la sociedad, es necesario que tenga presencia y liderazgo  en todos los componentes que la integran. Entre ellos está el componente político que por sí mismo, afecta y determina muchas de las demás acciones que mueven la vida de los ciudadanos en todos los países.
 

Cuando los Justos Gobiernan

 
Tomando decisiones sabias
 
Afirmamos que la autoridad es la capacidad real para la administración del poder. Esto se traduce en la habilidad de tomar decisiones pensadas para el beneficio del conjunto de la sociedad y llevarlas desde las ideas hacia hechos concretos. Por ello, como Iglesia Apostólica debemos formar líderes entrenados en el ejercicio del liderazgo con valores y principios del Reino de Dios. De esta manera, trabajamos para la formación de hombres y mujeres piadosas y justas que ocupen los sitios de autoridad en la sociedad y así poder reflejar el gobierno del Reino de Dios en la tierra.
 
Cuando el Apóstol Pablo le escribió a la Iglesia de Éfeso, le hizo saber que la grandeza del poder de Dios operó sobre Cristo primeramente para resucitarle y luego para ponerlo sobre todo gobierno, autoridad, poder y dominio. Dios sometió todas las cosas al dominio de Cristo y añade que tomó a la Iglesia como su Cuerpo, conservando el lugar de preeminencia como cabeza y junto con ella, lo llenará todo por completo (Efesios 1:19-23). Al hablar de todo, quedan incluidas las esferas de autoridad política y gubernamental.
 
Siendo que hemos establecido y reconocido que la política está presente en todos los órdenes de la vida de una sociedad, cabe la pregunta; ¿cómo podemos nosotros, como iglesia que pretende implantar la vida y los principios del Reino, vivir de espaldas a las acciones políticas?
 
Creemos que más que sano, es necesaria, y en muchos casos obligatorios la participación activa de toda la Iglesia en la política de una nación. De hecho, cuando emitimos un voto estamos participando activamente en la política de nuestras naciones. Con ello, estamos determinando a través del sufragio las futuras acciones que se llevaran a cabo en el campo del poder ejecutivo, legislativo y judicial de nuestros países. Políticamente determinamos las leyes que se llevarán a cabo y que tanto moral como ejecutivamente afectarán, para bien o para mal, a nuestras.
 
Apoyar la participación política
 
Afirmamos que no es función de la Iglesia Apostólica, como institución, la formación de un partido político, pero sí el apoyar la participación activa de cualquiera de sus miembros que manifiesten la vocación del ejercicio de la política. Además, habiendo una vocación política de cualquiera de nuestros miembros, a través de nuestros votos podremos tener una participación directa y protagónica en los cargos públicos dentro de una acción política y democrática. Es allí donde debemos posicionar nuestros mejores hombres para así poder participar activamente en la toma de decisiones dentro de los campos mencionados. 
 
Nuestra función es guiarlos, a fin de que sus decisiones se enmarquen en los principios éticos y morales consagrados en las Sagradas Escrituras. Por tanto, animamos a los hijos de Dios a asumir el reto de participar en la política, en la formación de grupos electorales o políticos para participar activamente en procesos electorales populares y así poder aspirar a ocupar cargos en la presidencia de la nación, gobernaciones, alcaldías, la asamblea nacional y los consejos deliberantes, entre otros.
 
La política tiene que ver directamente con el ejercicio del “poder”. Pero aun más, tenemos que pensar que es la capacidad real de hacer que ciertas decisiones, pensadas para beneficio del conjunto de la sociedad, se puedan plasmar en hechos concretos. La mayoría de las veces vemos que muchas de las promesas o programas de gobierno sólo sirvieron para motivar al pueblo a apoyar a cierto candidato, pero están lejos de la realidad en la disposición personal del cumplimiento. Esto muestra que estamos ante gente sin principios, sin palabra y sin querer asumir la responsabilidad. Esta realidad puede ser radicalmente diferente si el gobernante es un ciudadano comprometido con la verdad del Reino de Jesucristo
 
No sólo predicar, también gobernar
 
No es utópico, y mucho menos blasfemo, decir que además del principio primario y fundamental de predicar el Evangelio del Reino a todas las personas y en todos los lugares, el propósito de la Iglesia en la tierra, es reinar y gobernar. Para eso Dios nos constituyó como sacerdotes y reyes para que acerquemos a la gente y al pueblo hacia El como agentes de reconciliación para reinar en su Nombre, estableciendo la verdad, la justicia y la paz.
 
Aunque no se nombre específicamente en la Biblia la palabra “política” y consecuentemente no se nos dice nada acerca de una invitación directa a participar de ella, esta palabra tiene en el griego la misma raíz que ciudad, pueblo y población. Por eso la práctica de la política incursiona directamente en todas las áreas que afectan a la ciudad y los pueblos. En estos puntos la Biblia sí tiene una participación directa y significativa. Ella está llena del lenguaje político actual, puesto que nos habla acerca de las prácticas, las relaciones, tratos, leyes, respeto, comercio, justicia, paz, juicio, familia, enseñanza, productividad, autoridades, conductas, consecuencias, pactos, alianzas y un largo etc., que establecen las bases interrelacionales que deben mantener entre los pueblos y naciones.
 
Tanto en el Antiguo como el Nuevo Testamento hay referencias frecuentes y reiteradas a la realidad del poder en la sociedad humana. El poder y el gobierno es, de hecho, uno de los temas que con mayor frecuencia se abordan en las Sagradas Escrituras, También ellas mencionan con mucha frecuencia cuestiones que la Iglesia fue incapaz de resolver. Temas que implican directa o indirectamente la política y el gobierno de pueblos ciudades o una nación. El mismo Jesús y aun sus apóstoles nos hablan mucho acerca de ello nos referimos a la pobreza, la riqueza y el dinero.
 
Algunos sostienen que estos son problemas puramente individuales que no requieren políticas específicas que afecten a toda la sociedad, pero ¿cómo administrar con justicia y rectitud todos los bienes o inmensas riquezas que Dios le entregó a una nación? Indudablemente, Dios las puso en una región pensando en los que habitan o habitarían en ella, como hizo con todo lo que puso en el Huerto del Edén pensando en Adán, Eva y en la familia que iban a procrear. Pero resulta ser que en la práctica la mayoría de esas riquezas son administradas por los gobiernos y la generalidad de los habitantes de una nación no tiene acceso a ellas, a pesar que en cierta forma les pertenecen. Como mencionamos, nunca podremos llegar al gobierno y a la administración de una Nación si no es por la participación en la política de la misma.
 
Capacitando agentes de cambio
 
Por tanto, es tiempo que la Iglesia diseñe un camino a transitar, además de formar buenos ciudadanos, cristianos comprometidos y ministros de la Palabra, se aboque a formar gente preparada en ciencias políticas, ciencias empresariales, relaciones internacionales, es decir gente preparada para llegar a ser buenos gobernantes y así puedan llegar a ocupar cargos de dirección en los diferentes estamentos ministeriales o cuadros dirigentes que conforman un gobierno. Esto es posible puesto que nos movemos en países democráticos cuyas autoridades son elegidas por el voto y la elección popular. Por tanto, ante este desafío tenemos que apoyar y animar a nuestra gente que tiene una fuerte carga vocacional, para que inexcusablemente participen involucrándose en la política a través de la formulación de grupos electorales independientes, nuevos partidos o como se le quiera llamar. cierto es que a través d elecciones populares podemos dignamente aspirar paso a paso llegar a la Presidencia, las gobernaciones de Estados, las alcaldías, banca de senadores, diputados a la Asamblea Nacional o Concejales.
 
Es sumamente necesario recordar que una vez reconocida la vocación política de cualquiera de sus miembros, la Iglesia debe acompañar a estos hombre y mujeres de bien en todo tiempo, tanto antes como después de llegar al poder. Estos líderes deben ser pastoreados, alimentados permanentemente con la Palabra de consejo y recordándoles que van a esos cargos para honrar la fe de Cristo, y con el claro propósito de establecer los principios del Reino de Dios.
 
Políticos comprometidos con Dios
 
Por tanto, afirmamos que una de las características fundamentales de estos hombres y mujeres que incursionan en la política y buscan nuestro apoyo, es que deben ser miembros funcionales de la Iglesia, identificados plenamente con ella, con una comprobada madurez cristiana, un testimonio de integridad y comprometidos con la extensión del Reino. Solo así serán gobernantes que reconocerán la necesidad de ser ministrados espiritualmente y, por tanto, se mantendrán cerca de sus apóstoles o pastores, dispuestos a recibir sus consejos, como ocurrió con el Rey David y muchos otros gobernantes del pasado.
 
Hombres identificados con el sacerdocio y el gobierno en la Biblia, nos dan destellos de luces de lo que puede significar un gobierno presidido por un cristiano comprometido con el Reino, hombres que ejercen su sacerdocio, identificados plenamente con su Dios y su fe. Hombres como los patriarcas Abraham, Isaac y Jacob, José, Moisés, Josué, Samuel, David, Daniel, Nehemías y muchos otros. Estos nos reflejan la razón de pasajes como Proverbios 14:34: ‘La justicia engrandece a la nación: mas el pecado es afrenta de las naciones”. Proverbios 29:2: “Cuando los justos dominan, el pueblo se alegra; mas cuando domina el impío, el pueblo gime”. ¿Quiénes son los justos de hoy? Los que son salvos, justificados por su fe en Cristo y lavados por su sangre, quienes conformamos la Iglesia del Señor.
 
Formamos el Cuerpo de Cristo
 
Algunos asumen como simples ciudadanos de una nación, pero siempre debemos considerar que quienes somos de Cristo, hemos perdido nuestra individualidad e independencia puesto que somos miembros interdependientes de un Cuerpo. Nuestra ciudadanía está en el Reino de Dios. Estamos aquí como embajadores con derechos especiales para poder participar en cuantos asuntos espirituales como si Dios lo permite, asimismo en la dirección del país donde habitamos y con el deber de amar y bendecir la tierra que nos cobija. Así seremos un ejemplo y modelo de justicia ante todos aquellos a quienes servimos.  Si la Iglesia lograra que de sus filas salga un hombre o una mujer para gobernar una Nación, un Estado, una Provincia o un Municipio, también debe preocuparse por formar líderes que se les unan para poder conformar un gobierno confiable. Está demostrado que los graves problemas que tienen las naciones, no siempre están determinados por el sistema de gobierno que se estableció, sea de derecha o izquierda, llámese socialista o capitalista, democrático o totalitarista. El problema se llama injusticia, corrupción, deshonestidad, falta de amor por los más necesitados, falta de principios y valores, una desmedida ambición de poder y riquezas, mala administración, indolencia, etc. 
 
Aquí el problema no está en el modelo de gobierno que rija, el problema está en el hombre o la mujer que es elegido. Por tanto, más que un cambio de gobierno, necesitamos que cambien los hombres y las mujeres, y el único que tiene poder para cambiar al ser humano es Diosy el instrumento que utiliza, es la predicación transformadora del Evangelio del Reino de Jesucristo. Este mensaje se propaga por medio de sus apóstoles y está contenido en la Palabra de Dios.
 
Por: Apóstol Dr. Elías Rincón

  • 19/01/2014
  • Estudio

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